Aprovecho que en El Replicante se habla de literatura rusa para anunciarles que unos amigos se han lanzado a la irresponsable aventura de montar una editorial especializada en la publicación de traducciones al español de libros rusos. Su nombre es Nevsky Prospects y en octubre sacarán su primer libro a la calle: “Cuentos de Belkin” de Alexander Pushkin.

Y precisamente de su blog he sacado el motivo para este post, las ilustraciones de Andrei Kuznetsov, un artista ruso en cuya serie más conocida los éxitos de Hollywood adoptan la forma de grabados populares. En esta página web podéis ver otras brillantes interpretaciones en el mismo estilo de Matrix, Spiderman, Terminator o Harry Potter. Eso sí, página y grabados están todos en caracteres cirílicos.

Vladimir Maiakovski
Hoy se conmemoran los 79 años y pico de la muerte de Vladimir Maiakovski y este modesto blog quiere unirse a los fastos organizados a nivel mundial en honor de tan grande poeta.
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“Maese Alfredo L’Ambert, antes de recibir el golpe fatal que le obligó a cambiar de narices, era, sin duda alguna, el notario más notable de Francia.
En la época aquella contaba treinta y dos años; era de elevada estatura, y poseía unos ojos grandes y rasgados, una frente despejada y olímpica, y su barba y sus cabellos eran de un rubio admirable.
Su nariz (la parte más prominente de su cuerpo), se retorcía majestuosa en forma de pico de águila. Aunque alguno no me crea, su nítida corbata blanca le sentaba de maravilla. ¿Era debido esto a que la usaba desde su más tierna infancia, o porque se surtía de ellas en alguna tienda afamada? Yo opino que eran ambas razones a un tiempo…”
Extracto del libro “La nariz de un notario” de Edmundo About
Traducción de Carlos de Pineda – Buenos Aires, 1916.
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Decidí vender mi alma al diablo. El alma es lo más valioso que tiene el hombre, de modo que esperaba hacer un negocio colosal.
El diablo que se presentó a la cita me decepcionó. Las pezuñas de plástico, la cola arrancada y atada con una cuerda, el pellejo descolorido y como roído por las polillas, los cuernos pequeñitos, poco desarrollados. ¿Cuánto podía dar un desgraciado así por mi inapreciable alma?
-¿Seguro que es usted el diablo?- pregunté.
- Sí, ¿por que lo duda?
- Me esperaba al Príncipe de las Tinieblas y usted es, no sé, algo así como una chapuza.
- A tal alma tal diablo -contestó-. Vayamos al negocio.
“El socio”.
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