Creo que se han convocado elecciones para elegir diputados en el Parlamento Europeo. No estoy seguro porque hasta ahora los temas estrellas en los mítines de los principales candidatos españoles son el precio de los trajes que gasta el presidente valenciano, las visitas escolares a acuartelamientos militares en cuarentena, el medio de transporte apropiado para un presidente de gobierno y si la pederastia es más o menos pecado que el aborto. Todo de un gran nivel. Luego pretenderán que el personal vaya a votar por algo que ni ellos mismos se creen. Vaya por delante que uno es europeísta convencido y que se hallaría como en su casa en unos Estados Unidos de Europa. Pero hasta que no cambie el sistema electoral me niego a que mi voto sirva para que los paniaguados de cada partido que no encuentran acomodo en las numerosas poltronas que ofrece la política nacional vivan a cuerpo de rey en Estrasburgo. Y si piensan que este discurso es demagógico no se vayan todavía que aún hay más.
El sistema electoral español está diseñado para que sólo tengan opción de acceder al poder los partidos mayoritarios, lo cual de entrada no tiene por qué ser negativo; a fin de cuentas es la ciudadanía quien concede o quita mayorías. Lo más indignante es el sistema de listas cerradas, que obliga a votar a todos los que aparecen en ella aunque nos conste que muchos no merecen acceder al cargo electivo en liza. Que habrá gente preparada, nadie lo niega, pero entre los perfectos desconocidos que las completan suelen colarse corruptos, ineptos, memos integrales y otra gente sin oficio ni beneficio que viven de la política. Lo cual sirve a los intereses de los partidos que de ese modo se aseguran la elección de sus cabecillas, al tiempo que premian o castigan a los cuadros intermedios en función de su lealtad al líder. Y mientras tanto a la ciudadanía que le vayan dando. De ahí la imagen típica del votante español acudiendo a las urnas con la nariz tapada con una pinza.
En las elecciones nacionales, autonómicas o municipales suele ser mucho lo que se juega para andar frivolizando, pero en estas europeas el poder está tan lejos y la capacidad de decisión de los elegidos se diluye tanto entre intereses nacionales, grupos de presión y compromisos adquiridos que, normalmente, el ciudadano las toma como un plebiscito. Por eso la abstención suele ser la opción mayoritaria, aunque ningún político quiera darse por aludido. Por eso, desde aquí proponemos al sector abstencionista que, si le apetece, utilice la ocasión para emitir un mensaje de rechazo al sistema de listas cerradas.

Diga usted que sí Profesor!!
¿Pero es que no nos vamos a librar nunca de Magdalena Álvarez? ¿Por qué no la envían a la concejalía de cultura de algún ayuntamiento abducido, como hicieron con Montaño en Sevilla?
Amén.
Luego dirán que si la gente no vota cuando se trata de asuntos europeos.
Y eso por no hablar de la inutilidad del voto en blanco o del ninguneo sufrido por partidos que no parecen entrar en este juego, como UPyD (aunque en política no se puede poner la mano en el fuego por nadie).
Amén. Amén. Amén señor Francisco, pero es todavía más fácil. Si de todas formas, quiere ir uno a votar, ¿a quién coño votas? Aparte, no creo que el problema se fuera a solucionar con listas abiertas si no cambia la clase política entera y toda la parentela de asociados al poder que tan bien viven del erario público.
Me adhiero como una lapa (Patella caerulea). En las listas cerradas se mete cada jamelgo que pa qué.
Listas abiertas ya. Mi egregio hermano Anaxágoras solía meter un papelito que traía de casa en el sobre con estas tres palabras escritas. En todas las votaciones en las que participaba.
¿Hay alguna asociación grupo o web que recoga firmas para exigir las lista abiertas?. Propongo dar el voto al partido que prometa instaurarlas en un breve plazo.
Son absolutamente necesarias para tener un mínimo nivel democra´tico aceptable.
Olvídelo, Gerardo. Ningún partido incluiría en su programa un sistema de listas abiertas porque supondría acabar con el principal instrumento de que disponen para seguir manteniendo la posición hegemónica de la que actualmente disfrutan. Y sin embargo podría ser un banderín de enganche muy interesante para partidos minoritarios en alza tipo UPyD si lo propusieran.
Mientras tanto, y a falta de un movimiento social reivindicativo sólido, la única opción que nos queda es manifestar en cada elección que nos negamos a votar listas cerradas. Aunque ganen los malos…